Por : Guillermo Rodríguez Morales.
Durante los últimos días, tres noticias han impactado a la izquierda chilena, llevando a la reflexión a quienes constituimos este sector, dispersos, atomizados, intentando ser un aporte a las luchas populares desde los colectivos, lo individual, desde orgánicas y partidos en formación.
Saramago, nos interpela hablándonos de una izquierda autista casi estéril, pasiva ante los grandes y graves momentos que está viviendo la humanidad.
Manuel Cabieses, Director de la Revista Punto Final se hace eco de las palabras de Saramago en su última editorial y enarbola una dura crítica a la izquierda chilena para sostener la necesidad de la unidad y de luchar por una nueva Constitución, proponiendo como camino la lucha en el marco del llamado Socialismo Siglo XXI.
La tercera noticia es la muerte en Concepción de Nelson Gutiérrez, uno de los fundadores del MIR, quien fuera miembro de su Comisión Política y durante los años 80 líder de uno de los sectores que se enfrentaron políticamente en el seno del MIR dando inicio al proceso de fractura, quiebre y atomización de la organización. Lo que nos lleva igualmente a reflexionar sobre la práctica de un hombre destacado de la izquierda chilena, que fue líder estudiantil, dirigente de la FEC y como se menciono anteriormente miembro de la dirección y del Comité Exterior del MIR.
¿Qué de común existe en estos tres hombres?
En primer lugar que los tres son dirigentes de larga trayectoria, de alto peso político que se han destacado por aportar con teoría y práctica a la izquierda, que no dudan de pasar de la reflexión a la acción y que enriquecen los debates aportando críticamente, siendo por tanto personajes controvertidos, seguidos y confrontados, pero nunca personajes inocuos, ambiguos o ambivalentes.
Podemos estar de acuerdo con ellos. Podemos discrepar. Pero ninguna duda cabe en que son de aquellos que reflexionan, analizan, proponen, en esencia "se mojan el potito" cuando otros guardan prudentes y calculados silencios.
Que fácil es – para quien no tiene pensamiento propio ni propuesta – descalificarlos desde la caricatura del "derechista", del "viejo", del "reformista" y escarbar en la historia los deslices, las "yayitas", las "caídas" para – sin gastar un segundo en rebatir las propuestas- descalificarlas y descalificar al compañero en cuestión.
Personalmente coincido con Saramago respecto a la izquierda autista, también chilena, que se atrinchera en los "saberes del pasado" sin hacerse del presente. Durante la década del 90 desde las páginas de la revista SurDA desarrolle varios artículos en este sentido, cuando se trataba de refundar una izquierda que recién ahora está entendiendo los cambios producidos en el modelo de dominación y acumulación y que todavía no logra
encontrar los caminos para oponer y derrotar "al reino del consumo y de la libertad y felicidad hedonista e individualista" que le propone la ideología dominante, una alternativa diferente, concreta, no dirigida a los convencidos sino a esa enorme masa que ante la propuesta lastimera, nostálgica del Estado Benefactor o la propuesta de sacrificio inmolación que hoy son muy pocos los dispuestos a asumir. Hemos estado demasiados años culpando al enemigo, a los poderosos, de nuestras propias incapacidades. Reformistas y revolucionarios, verticalistas y ultra democráticos, jóvenes "que se la saben todas" y viejos "que no compramos" porque venimos de vuelta, armados con matracas o armados con lápices, abiertos o en la clandesta.
Nuestra situación sigue siendo critica porque no hemos sabido aprender de nuestra propia historia, porque seguimos aferrados a lo conocido sin abrirnos a crear nuevas formas que nos permitan iniciar procesos reales y sostenidos de acumulación de fuerzas.
Tiene razón Cabieses en la crítica, tiene razón en el diagnostico que coincide con varios anteriores, como por ejemplo el expresado por los CCTT , o recientemente Reynaldo Troncoso respecto a las carencias y debilidades de nuestras organizaciones. También es razonable lo que sostiene Cabieses en torno a poner un norte concreto en la lucha y es la lucha por una nueva Constitución. Claro, podemos señalar muchas dudas al respecto y
personalmente las tengo, así como su propuesta de levantar el Socialismo Siglo XXI como "la alternativa". Me quedo con la propuesta del norte o meta: luchar por una nueva Constitución. Claramente luchar tras este objetivo es más concreto que el ambiguo "luchar contra la exclusión" que da para todo, hasta para subordinarse y subirse a la mesa de los poderosos a recoger migajas.
Luchar por una nueva Constitución supone construir fuerzas tras este objetivo, supone generar la crisis del actual sistema político, supone la confluencia de muchos actores sociales, políticos, culturales, intelectuales, supone ampliar las formas de lucha al máximo combinando y aceptando todas ellas, supone el enfrentar la resistencia del bloque actualmente en el poder a quienes le es muy cómodo SU Constitución y frente a los cuales habrá que actuar con toda la fuerza necesaria para imponerla. Con etapas de resistencia, de desobediencia civil, de paros nacionales, de protestas, de sublevación y rebelión si la demanda levantada explícitamente por las mayorías nacionales no es asumida. Es un camino, es una propuesta que permite constituir referentes más amplios que los hoy día existentes.
Se requiere para tal efecto voluntad de salir del cómodo nicho del camino propio que varias organizaciones levantan a ultranza. Se requiere comprender que no somos hoy día actores relevantes porque no logramos construir fuerzas con la propaganda y la agitación genérica y vacía de tareas para el cotidiano. No basta con votar nulo o levantar caminos de construcciones locales sociales que no se conectan al plano nacional. Se requiere comprender que es el pueblo el centro de nuestra lucha, que la problemática central es como se incorpora hoy a tareas concretas más allá del voto nulo, a seguir a tal o cual candidato "especial" en la lucha municipal, se requiere comprender que solos no avanzamos mucho y que la agitación de una guerra revolucionaria sin pueblo tras de si es solo una propuesta de forma de lucha pero no de CONTENIDO. Ya se abrió una coyuntura que está poniendo en jaque la forma adoptada por el capitalismo en la actual fase y este no se desplomara por sí mismo a menos que existan fuerzas que lo derroten. En Chile se está abriendo las grietas del modelo en lo económico y se profundizaran aún más las contradicciones en el plano político por lo que no podemos perder la oportunidad de generar la crisis instalando ahora la lucha por una nueva constitución.
Se requiere vencer las desconfianzas. Se requiere salir del autismo. Se requiere vocación unitaria. Se requiere comprender que la revolución es tarea de todos y no de unos pocos. Se requiere salir de la inercia y en ese sentido Saramago y Cabieses tienen razón.
Y como tributo a Nelson Gutierrez, me permito señalar que justamente Nelson era de los compañeros que buscaba con sus propuestas salir de la inercia, aprovechar las coyunturas, buscar alianzas, unir al pueblo. A menudo se recuerda que en medio del periodo pre revolucionario, meses antes del golpe de Estado, levantó una posición diferente a Miguel Enríquez en el seno de la Comisión Política. Coincidía en que las clases dominantes estaban a la ofensiva y buscaba en la unidad táctica articular las fuerzas de los revolucionarios y reformistas que se venían enfrentando entre sí en los diversos espacios, para oponer un sólido frente a la reacción. Se le responsabiliza de haber generado la crisis del MIR levantando el MIR-Renovación a fines de los 80 e iniciar el proceso de desarticulación y fragmentación de la organización, lo que constituye una lectura demasiado simplista respecto a la crisis que cruzó a toda la izquierda chilena y que significo el quiebre del MIR, del FPMR y de otras organizaciones.
Personalmente no estuve de acuerdo con sus posiciones en las dos coyunturas mencionadas, sin embargo compartí y admiré su trabajo en Concepción, su capacidad de análisis y de levantar propuestas, su actitud enfrentando a la represión en Malloco, su aporte a la concepción de crear una retaguardia estratégica cuando salió al exilio, el rol que jugó impulsando públicamente desde Suecia la política del retorno a luchar en Chile sacando de la inercia a estructuras de militantes volcadas a la solidaridad, sus propuestas que tendieron siempre a buscar ampliar las alianzas para fortalecer las posiciones revolucionarias.
Lo señalo como un reconocimiento a un compañero con el cual no compartí algunas de sus posiciones pero que estaba claramente en el campo popular, lejos de las caricaturas que de él se han construido por parte de quienes prefieren construir el molino de viento para atacar que debatir las posiciones políticas, más allá del mito que se construye y también de los típicos elogios que suelen lanzarse de "militante ejemplar" "cuadro histórico" "referente" y otros similares que se lanzan a diestra y siniestra frente a los féretros. Nelson fue, igual que todos, militante con virtudes, defectos, aciertos, errores.
Y es importante decirlo, porque la unidad de los revolucionarios, la construcción de organización, requiere comprender que las organizaciones necesitan militantes con pensamiento propio, con capacidad de análisis, de propuesta, que luchen en las diversas instancias por lo que ellos consideran debe ser la línea correcta. El centralismo democrático es el instrumento más potente porque permite la más amplia libertad de discusión y el compromiso de la unidad en la acción. ¡Cuan lejos estamos de practicarlo en la mayoría de las organizaciones! Basta ver como se dividen, fraccionan, surgen nuevas que en poco se diferencias unas de otra, cuando existen pequeñas diferencias o diferencias tácticas que no apuntan a problemas centrales, cuando predomina la desconfianza, el epíteto fácil de reformista, amarillo, ultra, militarista, sin que aprendamos a debatir y superponer todo lo que nos une a lo que nos divide, cuando finalmente no somos siquiera capaces de converger, concertarnos, salvo algunas experiencias que felizmente prosperan.
En la experiencia del periodo pre- revolucionario logramos construir un polo político y social que unía en la práctica compañeros de diversos partidos, con visiones insurrecciona listas, de guerra popular, con cristianos, marxistas, obreros, campesinos, estudiantes, con teóricos y pragmáticos, viejos y jóvenes, mujeres y hombres, articulados en una sencilla fórmula para enfrentar a los dueños del poder y la riqueza. No lo era en torno a la estrategia, ni al marxismo, ni al programa de la revolución. Simplemente era en crear, crear, poder popular. Y Nelson era uno de ellos y sin duda alguna quedará en la memoria de quienes estuvimos en la misma lucha.
viernes, 17 de octubre de 2008
SARAMAGO, CABIESES, LA UNIDAD Y NELSON GUTIERREZ
Publicado por Colectivo Andamios
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